"‘¿Va a seguir trabajando?’. ‘¿Se retiró?’. ¡No seas malo!" – URUGOL – Portal de Noticias del fútbol Uruguayo e Internacional

Gregorio tiene 65 años de edad, 40 años ligado al fútbol profesional, 31 años como entrenador y 27 años ejerciendo la profesión. En el 76 formó parte del Defensor Sporting que cambió la historia y condujo al Peñarol que entre el 93 y el 95 ganó 3 de los 5 campeonatos uruguayos del quinquenio. Entremedio, trabajó en una automotora, en el frigorífico modelo, fue sereno de una estación y vendió libros. En esta entrevista, el chiquilín, el futbolista y el entrenador, de quien no hace falta escribir el apellido.

Gregorio Aznarez es un pueblo de Maldonado en donde funcionó la primera industria azucarera del país, la empresa Remolacheras y Azucareras del Uruguay Sociedad Anónima, Rausa. Cuando Gregorio Pérez nació, “todavía se llamaba Pueblo La Sierra. Estación La Sierra. Porque el ferrocarril llegaba hasta la estación, giraba, y regresaba. Después se prolongó la vía y llegaba hasta. Recién en el año 62 se nombró Pueblo Gregorio Aznarez”.

Allí se dieron los comienzos del Gregorio Pérez futbolista. Recuerdo que “en los recreos de la escuela era prioridad jugar al fútbol”. Creció y empezó a jugar en “un equipo de fútbol que fue muy exitoso en el interior, el Rausa”.

Luego llegó la selección de Maldonado, cuando tenía “20 y algo”, que “para un jóven era la aspiración mayor”, y recién después le llegó el turno al fútbol de la capital. Lo primero de Gregorio en Montevideo fue Wanderers. Tuvo una salida al exterior, a Ecuador precisamente: “Fue a la Católica de Quito que me llevó Alberto Spencer”. Sin embargo, lo más recordado de Gregorio como futbolista profesional es haber formado parte del Defensor Sporting de 1976 que cambió la historia.

Fueron tan solo nueve años de futbolista profesional y él explicará el porqué de esa tan corta carrera. Ya en el 81 comenzó como técnico, en Progreso. De ahí en adelante, salió 9 veces a dirigir en el exterior, fue ayudante técnico del Maestro Tabárez en la selección de Uruguay que disputó el Mundial Italia 90 y armó y dirigió el Peñarol que ganó los campeonatos uruguayos de 1993, 1994 y 1995 y que a la postre ganó el último quinquenio carbonero (Gregorio fue el DT que dirigió a Peñarol en el año 97, año que se consumó el quinquenio. En el 96 el entrenador fue Fossati).

“Todos hacemos un esfuerzo grande y sacrificio”, dice Gregorio y hace una pausa prolongada. Suspira y larga el aire junto a las siguientes oraciones: “El mío fue muy grande. Te soy sincero”. Ese es Gregorio Pérez. El mismo al que se le iluminan los ojos cuando habla de su familia, del “Profesor” –así se refiere a él – José Ricardo De León, y de Peñarol.

–Su carrera comenzó en el Rausa de Gregorio Aznarez, tuvo un pasaje por la selección de Maldonado y de allí pasó al fútbol profesional. ¿Cómo se dio su llegada a Montevideo?

Se da producto de que ya había un interés de Liverpool en aquel entonces, pero siendo muy joven, antes de llegar a la selección, con 19 años. Recuerdo que había un dirigente que siempre iba a Maldonado, el Sr. Marchetti, no me olvido más de se apellido. Antes se estilaba muchísimo, porque no existían los intermediarios, que iban los dirigentes o los técnicos de la capital a mirar los distintos torneos del interior que se jugaban en verano. Siempre se trataba de en los torneos esos la posibilidad de que a uno lo pudieran ver. Por temas de índole familiar y alguna circunstancia muy especial yo no pude venir. Luego tuve la chance de venir a Wanderers a practicar, por intermedio de un amigo del pueblo y quedé. Me acuerdo que jugamos el torneo de la B, la vieja B. Wanderers no había podido ascender desde que había descendido en el 67, y ascendimos.

–¿Cómo llega a Defensor Sporting?

En el año 76 estuve 51 días entrenando en Defensor. Voy por intermedio de Mario Patrón que habla con el Profesor José Ricardo De León. Yo había tenido de técnico a Mario Patrón en Cerro. El Profesor también les preguntó por mi a José Gómez y Líber Arispe que también habían jugado en Cerro. Era como una prueba, había muchísimos jugadores. Yo vivía en el interior y viajaba, fue bastante problemático. Tenía la aspiración de presentarme nuevamente en el fútbol profesional, más allá de que había pasado por Cerro el año anterior, pero justo en Defensor, que en aquel momento ya se veía que se iba a conformar un buen plantel y las aspiraciones eran lograr algún objetivo muy importante. Tuve la fortuna de quedar en ese plantel donde participé bastante de esos 22 partidos del campeonato uruguayo.

–Entonces se veía venir que Defensor podía lograr algo importante

La verdad es que nadie podía creer, pero se armó un buen plantel con un gran conductor. Alguien que no se nos puede borrar de ninguna forma de nuestra memoria: el Profe De León. Él conformó su cuerpo técnico con el Profesor Santos, estaba Julio Pérez, gente con experiencia… El supo junto con Julio y Jorge Franzini, que eran los cabeza de la comisión directiva, armar un equipo que todos aquellos que nos estábamos preparando para el torneo pensábamos en quebrar la hegemonía, la historia.

–¿Qué particularidad tenía ese equipo?

De León hizo un trabajo extraordinario. Con mucha humildad, pero con gran sapiencia. Varios de los que integraron el plantel del 76 ya sabían su filosofía, porque habían estado en el 70, 71 y 72 con el Profe. Había un plantel con algunos jóvenes, pero con mucha gente experiente. No era amplio, pero sí muy equilibrado en todos los sectores. Y creó un grupo humano extraordinario. Hasta el día de hoy nos seguimos juntando. Y a veces hasta más de una vez por año. No solo en la fecha que eso es sagrado.

–En la actualidad pasa con los jugadores que fueron dirigidos por Marcelo Bielsa. Muchos son técnicos. Con De León pasó lo mismo…

De ese plantel la gran mayoría dirigió: Freddy Clavijo, Rudy Rodríguez, Kiko Salomón. Baudilio Jauregui, Bethoven Javier, Líber Arispe, Ortiz, el Vasco Caceres, José Gómez, Luis Cubilla. Algunos han trabajado en cuerpos técnicos, han sido ayudantes, y otros han sido técnicos. El Profesor nos creó algo muy importante: nos hacía sentir realmente protagonistas, no solo como jugadores, sino para que fuéramos como técnicos. El nos decía: “Ustedes son técnicos adentro de la cancha. En un futuro van a ser técnicos. Lo que estamos llevando a cabo es para lograr cosas importantes. Ustedes van a ser protagonistas en sus equipos”. En fin, las charlas del Profe eran extraordinarias. En todo sentido, en cuanto a conceptos, no solo futbolísticos, sino de la vida. Eran charlas que no queríamos que terminaran nunca, y no solo preparando un partido, también previo al inicio de un entrenamiento, de repente daba charlas de 40, 45 minutos. Un fuera de serie…

–Pero su fútbol también fue muy criticado.

Fue muy criticado. El anti fútbol lo llamaban. En un momento se decía que era un equipo que solamente marcaba y pegaba, que tiraba pelotazos. ¡Y había grandes jugadores de fútbol! Eso después se fue asimilando y otros equipos, con el tiempo, empezaron a desarrollarlo. Y no solo lo hizo acá. Lo que hizo en México, que sacó a Toluca campeón. O en Rosario Central. Recuerdo que escuché una nota a Mario Alberto Kempes, que siendo jugador de Valencia, lo destacaba como uno de los principales técnicos que tuvo en su carrera. Eso fue un orgullo para nosotros. Y no quiero que me falle la memoria, pero fue en el 83 u 84, en una Copa Libertadores, que se jugaba con dos equipos por país, y seis equipos tenían el estilo que impuso acá el Profe.

–¿Por qué su carrera de futbolista fue tan corta?

La verdad, soy conciente de que todo lo mío era el fervor, la lucha, el amor propio, el querer llegar al fútbol profesional y el querer llegar a jugar en el estadio, pero con muchas limitaciones. Más allá de que me esmeraba por superarme, mi carrera fue corta. También tuve dificultades físicas en una pierna con 29 o 30 años y eso me limitó un poco. Pero viviendo afuera inclusive, viajaba y hacía el curso de técnico. Porque yo sabía, me había propuesto, que tenía que seguir en el fútbol.

–¿A qué edad empezó a forjar el director técnico?

Ya desde muy joven me imaginaba con eso…

–Su vida era todo fútbol.

Lo mío era todo fútbol. Pero en mi adolescencia lo mío no fue fútbol solamente, porque por distintas circunstancia trabajé. Como todo muchacho jóven, las necesidades económicas nos llevaban a tener que hacer el esfuerzo para trabajar.

–Así que en su adolescencia tuvo que mezclar fútbol y trabajo.

Como lo hacíamos casi todos los que somos de afuera, sin posibilidades lamentablemente de estudiar, de ir al liceo o a la facultad, no se me dio esa posibilidad. Estoy hablando de los años 60, otra etapa. Pero el esfuerzo fue muy grande de aquellos que nos guiaron que fueron nuestros padres, para brindarnos lo mejor y que fuéramos personas formadas y que camináramos bien por la vida. Esas son las cosas importantes de rescatar.

–Volvamos a sus inicios como entrenador. ¿Cómo fue el comienzo?

Estando afuera yo ya tenia la pasión por entrenar, siendo joven. En uno de mis regresos del fútbol de la capital al interior, que fue muy corto, yo ya en mi pueblo daba ideas y dirigía. Empecé a hacer el curso con muchas dificultades, en el año 80, todavía jugaba en Progreso. Yo vivía en el interior, viajaba, iba y venía, entrenaba, realizaba un sacrificio muy grande. Y en el año 81 ya no jugué más y seguía haciendo el curso. Me quería recibir. Yo vivía en mi pueblo, viajaba todos los días de mañana temprano y volvía a mitad de la noche, caminaba tres kilómetros y medio del peaje Solís a mi pueblo… Bueno a mis hijos ni los veía. Porque durante el día trabajaba en una automotora, con Eduardo Abulafia que era el dueño, y a las 7 de la tarde ya estaba en el Instituto para hacer el curso. Fue muy sacrificado. Y en ese 81, haciendo el curso y trabajando, le dan el cargo de entrenador interino de Progreso a Ildo Maneiro. El jugaba y me invita porque nos conocimos haciendo el curso juntos. Ahí empecé a trabajar como entrenador.

–Escuché una entrevista que le realizó el programa radial Gente de Primera y allí usted dijo: “Yo he vivido para el fútbol”. ¿Se refería a la repuesta de la pregunta anterior?

Mirá: todos hacemos un esfuerzo grande y sacrificio. El mío fue muy grande. Te soy sincero. Pero nunca bajé los brazos. Siempre respaldado por la familia que es algo importante, pasando por muchas dificultades. Trabajaba de noche en el frigorífico modelo, iba al mercado de frutas y verduras, fui sereno de estaciones de servicio, y dirigiendo en primera división, eso en la década del 80. Un año, jugando en un club de Montevideo, vendía libros en las horas libres, trataba de rebuscarme como fuera, porque había que subsistir. En el 83 me vine para Montevideo, tenía una familia, dos hijos, fue una época dura. Hubo mucha gente que me ayudó y por suerte pude responder a todo ese esfuerzo de gente que me acompañó. Por eso digo que no ha sido fácil, y ya han pasado 40 años, y 31 como técnico, que de esos 31 llevo 26 o 27 trabajando, y llevo 9 salidas al exterior.

–Fueron 13 años de carrera como entrenador para llegar por primera vez a Peñarol…

Fui a practicar en el año 79 como jugador. Estaba Dino Sani de entrenador, estuve como 25 días entrenando y nada. Tenía la ilusión de algún día estar en Peñarol como hincha de Peñarol que fui toda la vida. El primer sueño era estar como jugador, pero no tuve esa posibilidad. Y en el 93 asume el Contador Damiani. El club venía de una sequía de campeonatos y de participación en copas internacionales. Además, estaba con una crisis muy grave, inclusive en lo económico. Pero el manejó el club con la capacidad que todos le conocimos, con muchísima inteligencia. Yo lo conocí en lo previo a Italia 90, en Verona. El estaba como delegado de la selección, y estuvimos charlando varias horas durante muchos días. En el 93 yo venía de dos años en Argentina dirigiendo a Gimnasia de La Plata con muy buen suceso y tuve la oportunidad que me llamara, conversar, y planificar ese año 93, que había que romper con esa hegemonía que tenía Nacional de ganar clásicos, de ganar campeonatos.

–¿Cómo fue en ese momento hacerse cargo de Peñarol sin haber sido jugador del club? Actualmente, cuando a un equipo grande llega un entrenador que nunca pasó por el club, se lo mira de reojo.

Bueno… no es fácil llegar a un equipo grande y mantenerse. Lógico que los resultados son importantes, lo que logran los jugadores que son los más importantes de todo esto. Y además, me encontré con un presidente y dirigentes de aquella época que querían realmente formar un plantel y poder lograr el objetivo. Nos ingeniamos para conformar un plantel para ese primer año, que después de los primeros pasos logró salir adelante y se logró el campeonato uruguayo.

–Siempre escuché deméritos para ese equipo, porque “jugaba al pelotazo”. Sin embargo, Peñarol ganaba. ¿A usted le molestaba que se dijera eso?

Ese Peñarol que decían que jugaba al bochazo, al pelotazo, que yo siempre digo al pase largo, por las características de sus jugadores trabajábamos muchísimo y siempre se intentaba jugar. Tuvimos muy buenos jugadores de fútbol, porque el Peñarol que arrancó en el 93, tenía a Tais que técnicamente era un gran jugador y era un atacante más; nosotros siempre quedábamos con tres hombres en el fondo, porque Tais subía, llegaba siempre; se juntaba con Dorta, con el Chueco Perdomo, Bengoechea, Otero, Darío Silva, Cedrés. Entonces que dijeran que jugábamos al pelotazo con esa clase de jugadores… Realmente, no solo a mí, inclusive a los jugadores, no nos caía bien. Pero Peñarol terminó campeón ganando clásicos. Y no era solamente por un pelotazo. El análisis no era un análisis amplio, sino muy puntual. En el 94 y en el 95 que fue brillante en el juego, jugaron juntos Dorta, el Gallego Martínez, Tais, Pacheco, Aguilera, Bengoechea, Otero y Silva que se fueron y aparecieron Luis Romero y Magallanes. ¿Sabés qué? Por momentos, era un fútbol extraordinario. Pero hacíamos muchos goles de pelota quiera, entonces jugábamos al pelotazo. Y las jugadas de pelota quieta, ¿se daban producto de qué? De que el rival tenía que cometer faltas. Si se creaban corners o tiros libres por algo era. Nosotros teníamos mucho trabajo de pelota quieta: teníamos un gran lanzador, con una técnica bárbara, que era Pablo Bengoechea, y muy buenos cabeceadores. Y eso llevó horas y horas de trabajo. Eso había comenzado a hacerlo en equipos anteriores que dirigí, en Central de 86 que fue fabuloso, el Wanderers del 87, el Rampla del 85. Pero en fin, después que te encasillan en eso, quedás…

–Usted recordaba varios nombres. La de Pacheco era una buena camada.

La camada de Pacheco debutó entre el 94 y el 95, y algunos a principios del 93, porque jugamos la Copa Conmebol. Peñarol estaba de gira por Europa jugando la Copa Parmalat que salimos campeones dos años seguidos en Italia, ganándole las finales a Palmeiras, que lo dirigía Luxemburgo y jugaban Rivaldo, Roberto Carlos, Edmundo, Zinho, César Sampaio, todos jugadores de grandísima calidad. Fueron algo extraordinario y nunca se habló de eso… Y la Conmebol se arrancó con la tercera que la dirigía Alejandro Botello. De aquella generación era Claudio Flores, que debutó en un clásico que ganamos 1 a 0 con un hombre menos, porque nos echaron a Nico Rotundo. Además, estaban Rotundo, Gonzalo de los Santos, quedó por el camino Marzoa, que jugó en Liverpool, Augusto Consani, Magallanes, Negrito Da Silva, que jugaba de lateral, y hay más que ahora me olvido.

–¿A Pacheco que le vio?

A Antonio recuerdo que lo puse en un partido contra Defensor en el estadio. Y ya ahí el tipo demostró lo que era jugando un partido con muchísima gente, contra Defensor que estaba muy bien en ese momento también. Eso fue en el año 94. Jugó una enormidad. Ahí dije, este va a ser algo… y bueno, así fue.

–También tuvo momentos malos en Peñarol, por ejemplo las últimas dos salidas. Dio para hablar si estuvo bien o mal la forma. Sin embargo, nunca lo escuché a usted referirse al respecto. ¿A usted le pareció bien o mal tener que salir así del club?

Yo de ese tema, como te puede decir… ya pasó… Fueron circunstancias que se dieron, lógicamente que a nadie le gusta salir, más del club que uno es hincha y socios. Pero se dieron circunstancias que no fueron felices. Y bueno, yo no soy rencoroso, seguí mi camino y le deseo lo mejor a Peñarol.

–Le preguntaba porque mucha gente opinó al respecto pero nunca lo escuché a usted referirse acerca dé.

No, pero a mi no me gusta hablar, trato de evitar los problemas. Son cosas que a nadie le gustan, pero se dieron así y es parte de lo nuestro. Ya está.

–Va para 41 años ligado al fútbol profesional. ¿No se le apaga la llama?

No. Yo realmente reparto mis horas entre mi familia, mis nietos, comparto con ellos, salgo a correr, hago deporte, y me doy mi lugar. Pero siempre estoy pensando, mirando y leyendo todo, y también viajo a mirar fútbol, me gusta mucho mirar fútbol. Como te decía, mantengo la expectativa de tener una oportunidad para trabajar. Porque me encuentro muy bien. A veces recibes algún llamado y te preguntan: “¿Va a seguir trabajando?”. “¿Se retiró?”. ¡No seas malo! Está bien que en la cédula tenga tantos años, pero me encuentro bárbaro. Ya alguna cosa va a salir…

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